Permítanme una reflexión sencilla, pero profunda: las tradiciones no nos atan al pasado, sino que nos dan impulso para avanzar hacia el futuro. Nadie puede dar un paso adelante si no tiene, al menos, un pie firmemente apoyado en el suelo. Y ese suelo, para nosotros, es la tradición ecuestre.
Vivimos en una época curiosa. Parece que todo ha sido inventado anteayer, justo cuando ha nacido la última generación y lo que hicieron quienes nos precedieron pertenece a un tiempo superado. Tal vez por eso, a veces percibimos cierta ingratitud hacia el pasado y creemos que lo que hoy tenemos ha surgido por generación espontánea.
Sin embargo, quienes montamos a caballo sabemos que esa idea es falsa, porque la equitación no es una moda pasajera. La equitación es historia viva.
Detrás de cada gesto elegante de un caballo bien montado, detrás de cada parada precisa, de cada transición suave, de cada reunión lograda con armonía, hay millones de horas de hombres y mujeres dedicados a perfeccionar un arte. Un arte extraordinario porque no se realiza con pinceles ni con instrumentos musicales, sino a través de la unión entre dos seres vivos: el caballo y el jinete. Esta unión, cuando se alcanza plenamente, recibe un nombre que todos conocemos y respetamos: el arte ecuestre y da una enorme satisfacción.
Los aficionados a la equitación tenemos una deuda inmensa con quienes nos precedieron. Con esos grandes jinetes que no se conformaron con montar bien, sino que dedicaron su vida a enseñar. A transmitir, a explicar con paciencia lo que otros aprendieron con sacrificio. A ellos debemos algo más que admiración, les debemos la continuidad todo lo que sabemos, un saber que, por suerte, es colectivo.
Por eso, una asociación de aficionados a la equitación no es solo un lugar donde reunirse, es, en cierto modo, un homenaje permanente a esos hombres y mujeres que superaron el simple título de jinetes o amazonas para alcanzar otro más noble (virtud deseable en los caballos): el de caballeros y damas.
Caballeros y damas no solo por montar bien, sino por la manera de hacerlo, con respeto, con elegancia, con refinamiento. Por eso la equitación no es para personas vulgares. Porque la equitación, cuando se practica de verdad, no solo mejora al caballo: refina también al ser humano.
Y ¿cuál es el mejor homenaje que podemos hacer a esa tradición? El mejor homenaje es montar, montar mucho, montar bien, montar con respeto hacia el caballo y con humildad hacia quienes saben más que nosotros. Montar escuchando los consejos de los grandes maestros y montar compartiendo y disfrutando de lo aprendido con otros.
Y aquí es donde las asociaciones cobran todo su sentido, porque la equitación no es solo una práctica individual. También es una cultura compartida. Es una conversación entre generaciones y es un espacio donde se aprende mirando, preguntando, escuchando y practicando juntos, sin complejos.
Las asociaciones ecuestres tienen precisamente esa misión: fomentar la práctica colectiva de la equitación. Es un espacio donde los aficionados pueden encontrarse y donde los más experimentados pueden compartir sus experiencias, donde los más jóvenes pueden aprender y donde todos podemos mejorar.
Y, sobre todo, donde podemos cultivar valores que siempre han estado ligados al caballo: la paciencia, la tolerancia, la disciplina, la búsqueda constante del refinamiento.
Participar en una asociación ecuestre no es solo asistir a una actividad, es defender una tradición, es agradecer lo recibido y es garantizar que ese legado continúe.
En EQUA, nuestra asociación de aficionados a la equitación, creemos profundamente en esa idea. Queremos demostrarlo no solo con palabras, sino montando, aprendiendo y compartiendo juntos el amor por el caballo.
Y además en EQUA tenemos una gran suerte y el honor de contar con un Presidente Honorífico que es uno de los reconocidos profesores de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Don José María Sánchez Cobos es un maestro cuya trayectoria representa precisamente esa tradición que hoy queremos reivindicar.
Y hoy, además, es su cumpleaños. Por eso, desde EQUA queremos felicitarlo de la mejor manera que sabemos hacerlo los aficionados al caballo: participando todos en crear actividades con nuestros caballos.
¿Qué os parece si celebramos este día, realizando en breve una excursión a caballo en honor de nuestros caballos y de nuestro presidente?
Porque al final, el verdadero homenaje a la equitación no está solo en las palabras: está en ensillar, en montar y en compartir el camino.
Muchas gracias a todos por vuestras ideas para hacer cosas que nos hagan sentirnos felices con nuestros caballos. Y, sobre todo, gracias por seguir manteniendo viva la tradición ecuestre.












