Impulsada por Alvaro Gacía Mateu y Francisca ....,La expedición Qhapaq Ñan 2027 propone una travesía única: recorrer a caballo cerca de 400 kilómetros del antiguo camino del Inca en el noroeste argentino, atravesando algunos de los paisajes más extremos y fascinantes del continente sudamericano.
No se trata de un viaje turístico al uso. Es una experiencia concebida como un desafío físico, cultural y humano que recupera el espíritu de las grandes expediciones. Durante entre 25 y 30 días, los participantes recorrerán la Puna de Jujuy y las quebradas de Salta, avanzando por senderos históricos que, durante siglos, articularon uno de los mayores imperios de la historia.
Según recoge el dossier oficial del proyecto, la expedición combina aventura, investigación, documentación y convivencia en condiciones exigentes. Todo ello en un entorno donde la altitud, el clima y el aislamiento condicionan cada paso.
Un camino milenario que vuelve a cobrar vida
El eje de la expedición es el Qhapaq Ñan, el sistema vial andino que fue la columna vertebral del Imperio Inca. Con más de 30.000 kilómetros de extensión, esta red conectaba ciudades, centros administrativos, santuarios y enclaves estratégicos a lo largo de la cordillera.
Hoy, buena parte de esos caminos permanece en silencio, integrado en la geografía y apenas transitado. Qhapaq Ñan 2027 busca devolverle protagonismo a uno de sus tramos, recorriéndolo de la forma más fiel posible a su historia: a caballo.
El itinerario sigue además las huellas de Diego de Almagro, conquistador español que en el siglo XVI cruzó los Andes en su expedición hacia Chile. Este paralelismo histórico añade una dimensión simbólica al viaje, conectando épocas, culturas y formas de entender el territorio .
A lo largo del recorrido, los expedicionarios atravesarán vestigios arqueológicos como tambos (antiguos refugios incas), apachetas (montículos rituales de piedra) y pukaras (fortificaciones), elementos que jalonan el camino y evidencian la sofisticación de la civilización andina.
La Puna y las quebradas: belleza y dureza en estado puro
El escenario de la expedición es tan espectacular como implacable. La travesía comienza en la Puna de Jujuy, un altiplano que se eleva por encima de los 3.500 metros de altitud. Allí, el paisaje se abre en extensiones aparentemente infinitas, salpicadas de volcanes, salares y lagunas altoandinas.
El clima es extremo: frío, seco, con una fuerte oscilación térmica entre el día y la noche. Las temperaturas pueden oscilar entre los 20 grados durante el día y valores cercanos a cero —o incluso inferiores— al caer el sol .
A medida que la expedición avanza hacia Salta, el paisaje cambia. Las planicies dan paso a quebradas profundas, valles estrechos y ríos que modelan un relieve abrupto. Es en este entorno donde se alcanzan las mayores altitudes, con pasos como el Abra de Ingañán, que supera los 4.400 metros.
Pero la dureza del entorno se ve compensada por su riqueza natural. Durante la travesía, los participantes podrán observar especies adaptadas a estas condiciones extremas, como flamencos andinos en las lagunas salinas, guanacos en las planicies y cóndores sobrevolando las cumbres.
Una experiencia estructurada en cuatro semanas
La expedición se organiza en un itinerario progresivo de cuatro semanas, diseñado para favorecer la aclimatación y la adaptación al entorno.
La primera semana está dedicada a la llegada y preparación. Tras el vuelo a Argentina, los participantes se trasladan a Salta y posteriormente a Humahuaca, donde comienzan las jornadas de aclimatación antes de iniciar la travesía en la Laguna de los Pozuelos.
La segunda semana se desarrolla íntegramente en la Puna de Jujuy. Es el tramo más abierto y aislado, marcado por grandes distancias, campamentos en altura y la inmensidad del paisaje andino. Aquí, el silencio y la sensación de lejanía se convierten en protagonistas.
En la tercera semana, la expedición entra en territorio montañoso. Las jornadas se vuelven más técnicas, los caminos más exigentes y el entorno más cambiante. Es también el momento de superar las mayores altitudes y visitar enclaves arqueológicos relevantes como Tastil.
Finalmente, la cuarta semana marca el descenso hacia los Valles Calchaquíes. El paisaje se suaviza progresivamente, la vegetación aumenta y la presencia humana se hace más evidente. El viaje concluye en Cachi, desde donde los participantes regresan a Salta y emprenden el retorno .
Dos equipos, una sola expedición
Uno de los aspectos más singulares del proyecto es su estructura organizativa. La expedición se divide en dos equipos complementarios, cuya coordinación es clave para el éxito del viaje.
Por un lado, el equipo a caballo, formado por jinetes que recorrerán íntegramente el trazado previsto. Su labor no se limita a avanzar: también deben cuidar de los caballos, adaptarse al terreno y marcar el ritmo de la expedición.
Por otro, el equipo de apoyo, que sigue la ruta en vehículos todoterreno. Este grupo se encarga de la logística, el transporte de material, la preparación de campamentos y la gestión de posibles emergencias.
Lejos de establecer jerarquías, la organización insiste en que ambos equipos son igualmente esenciales. La expedición, en su conjunto, es un ejercicio de cooperación en condiciones exigentes, donde cada rol resulta imprescindible .
Más allá de la aventura: conocimiento y documentación
Qhapaq Ñan 2027 no se limita a ser una travesía deportiva. El proyecto incorpora una clara vocación divulgativa y científica. Entre los perfiles que se valoran se incluyen especialistas en primeros auxilios, veterinaria, arqueología, biología o documentación audiovisual.
El objetivo es generar conocimiento y dejar registro de la experiencia: documentar el estado del camino, recoger testimonios, estudiar el entorno natural y cultural, y construir un relato que permita acercar esta realidad al público.
En este sentido, la expedición se sitúa en un punto intermedio entre la aventura clásica y la exploración contemporánea, donde la experiencia personal se combina con la producción de contenido y la difusión del patrimonio.
Un reto físico y humano
Participar en la expedición exige algo más que entusiasmo. La organización busca perfiles con experiencia en montaña, capacidad de adaptación y resistencia física y mental.
Las condiciones del viaje —altitud, clima, aislamiento— requieren preparación y una actitud resolutiva. Las jornadas pueden ser largas, el terreno imprevisible y las condiciones cambiantes. La convivencia, además, añade una dimensión humana que exige compromiso, compañerismo y espíritu de equipo.
En definitiva, no es una experiencia para cualquiera, sino para quienes buscan salir de su zona de confort y enfrentarse a un entorno auténtico.
Un proyecto autofinanciado con vocación abierta
El presupuesto estimado de la expedición asciende a unos 26.000 euros, cubriendo los costes operativos desde la ciudad de Salta. La participación implica una aportación individual que oscila entre los 2.000 y los 3.700 euros, dependiendo del rol dentro del equipo, sin incluir los vuelos internacionales .
Aunque inicialmente se plantea como un proyecto autofinanciado, la organización contempla la posibilidad de contar con patrocinadores y colaboraciones que permitan ampliar su alcance.
Volver a avanzar despacio
En última instancia, Qhapaq Ñan 2027 es una invitación a cambiar la forma de viajar. A dejar atrás la prisa y recuperar el sentido del trayecto. A avanzar despacio, al ritmo del caballo, en un entorno donde cada kilómetro se conquista con esfuerzo.
Es también una forma de reconectar con la historia, de recorrer caminos que durante siglos unieron pueblos y culturas, y de comprender el territorio desde dentro.
En un mundo donde casi todo está al alcance de un clic, esta expedición propone algo radicalmente distinto: volver a descubrir el valor del camino.











