Cómo cuidar tu caballo en otoño
Cuidados, alimentación, casco, humedad, frío y prevención de los principales problemas de la estación
Lunes, 31 de Agosto de 2026El otoño puede ser una de las mejores épocas del año para disfrutar del caballo. Desaparece progresivamente el calor del verano, las temperaturas se hacen más agradables y, en muchas zonas de España, comienza una magnífica temporada para salir al campo. Pero también es una estación de transición que exige modificar algunos aspectos del manejo.
Llegan las primeras lluvias, aumenta la humedad, aparece el barro, disminuyen las horas de luz y pueden producirse importantes diferencias entre las temperaturas diurnas y nocturnas. Cambian los pastos, crece el pelo de invierno y también se modifican las condiciones del terreno.
Y no existe un único otoño ecuestre.
En las zonas cálidas y mediterráneas puede significar precisamente el comienzo de la temporada de mayor actividad. En la montaña anuncia la llegada del frío y una reducción notable del trabajo. En buena parte de la España interior alterna días extraordinariamente buenos para montar con semanas de lluvia, barro o primeras heladas. Para algunos caballos supone incluso un periodo de descanso después de la actividad de primavera y verano.
Por ello, cuidar correctamente al caballo en otoño no consiste simplemente en “prepararlo para el invierno”. Se trata de adaptar progresivamente alimentación, ejercicio, protección, casco y manejo a las condiciones reales en las que va a vivir y trabajar.
![[Img #9658]](https://asesja.org/upload/images/08_2026/7941_caballo-en-otono.jpg)
Humedad y frío: una combinación que debemos vigilar
Los caballos adultos sanos y correctamente aclimatados toleran generalmente bastante bien las temperaturas bajas siempre que dispongan de alimentación suficiente, puedan mantenerse secos y tengan posibilidad de protegerse de las condiciones meteorológicas adversas.
El problema cambia cuando combinamos frío, viento y humedad.
El pelo de invierno constituye un magnífico aislante porque mantiene una capa de aire junto al cuerpo. Cuando queda completamente empapado pierde buena parte de esa capacidad.
Por eso no deberíamos decidir si un caballo necesita manta mirando únicamente el termómetro.
Hay que considerar conjuntamente:
- si está esquilado o conserva el pelo natural;
- edad;
- condición corporal;
- estado de salud;
- aclimatación;
- viento;
- lluvia;
- disponibilidad de refugio;
- alimentación;
- trabajo que realiza;
- si vive principalmente en exterior o estabulado.
Un caballo sano, con buen pelo de invierno y posibilidad de refugiarse puede necesitar mucha menos protección que otro esquilado, delgado, anciano o expuesto durante horas a lluvia y viento.
La manta tampoco debe convertirse en una solución automática. Si abriga excesivamente puede provocar sudor y mantener humedad debajo de ella, precisamente lo que pretendemos evitar. Además, debe permanecer seca, ajustarse correctamente y revisarse con frecuencia.
Después del ejercicio debemos aplicar el mismo principio. Un caballo que ha sudado no debería permanecer inmóvil y mojado cuando cae rápidamente la temperatura. Conviene realizar una adecuada vuelta a la calma, facilitar que se seque y, cuando sea necesario, utilizar una manta secante antes de colocar la manta exterior.
El barro: mucho más que suciedad
El barro es uno de los grandes protagonistas del otoño y afecta a distintas partes del caballo.
Permanecer muchas horas sobre terrenos profundamente embarrados mantiene húmedas las extremidades y los cascos. Además, caminar sobre barro profundo requiere un esfuerzo considerablemente mayor y puede aumentar la fatiga.
Para el caballo de campo aparecen también riesgos mecánicos:
- resbalones;
- pérdida de herraduras;
- piedras ocultas;
- agujeros;
- raíces;
- ramas;
- surcos de erosión;
- terrenos inestables.
Las hojas mojadas pueden esconder completamente la superficie que pisa el caballo.
Un camino perfectamente seguro en agosto puede convertirse en un terreno complicado en noviembre.
Los tramos asfaltados requieren también especial precaución cuando están mojados, cubiertos de hojas o aparecen las primeras heladas.
Arestines o fiebre del barro: uno de los problemas clásicos del otoño
Los arestines, conocidos también como fiebre del barro, dermatitis de la cuartilla, mud fever, scratches o greasy heel, aparecen principalmente en la parte inferior de las extremidades, especialmente en la zona posterior de las cuartillas y talones.
Conviene aclarar una creencia bastante extendida: los arestines no son simplemente un hongo.
La medicina veterinaria considera actualmente la dermatitis de la cuartilla como un síndrome dermatológico multifactorial, es decir, un patrón de reacción de la piel que puede estar provocado o favorecido por diferentes causas.
La investigación disponible ha encontrado asociaciones con alteraciones de la microbiota bacteriana y con infestaciones por determinados ácaros, pero no una relación consistente con infecciones fúngicas. Además, las extremidades posteriores y las zonas de piel no pigmentada aparecen afectadas con mayor frecuencia.
La humedad repetida puede deteriorar la barrera natural de la piel y favorecer que pequeñas abrasiones, microorganismos y otros factores desencadenen o compliquen el proceso. UC Davis señala precisamente la importancia de evitar la exposición recurrente a humedad como parte de la prevención.
¿Cómo reconocer los arestines?
Los primeros síntomas pueden ser discretos:
- pequeñas zonas sin pelo;
- enrojecimiento;
- irritación;
- pequeñas costras;
- piel agrietada;
- sensibilidad al tocar;
- pequeñas heridas en cuartillas o talones.
Cuando progresan pueden aparecer costras gruesas, exudado, dolor e inflamación.
En casos importantes pueden llegar a provocar cojera.
Por eso resulta mucho más eficaz detectar una pequeña lesión inicial que esperar hasta encontrar una cuartilla cubierta de costras.
Cómo tratar los arestines
El primer principio es eliminar o reducir aquello que está perpetuando la lesión.
Si es posible, debemos evitar que el caballo continúe permaneciendo continuamente sobre barro o terreno empapado y proporcionarle un lugar donde las extremidades puedan secarse.
Cuando las patas están simplemente embarradas y la piel permanece sana, no siempre es necesario lavarlas continuamente. Dependiendo de las circunstancias, puede ser preferible dejar secar el barro y retirarlo posteriormente mediante un cepillado cuidadoso.
Si es necesario lavar una zona lesionada, debemos hacerlo con suavidad y después secarla completamente.
¿Debemos arrancar las costras?
No de manera agresiva.
Arrancar en seco una costra fuertemente adherida puede provocar dolor, sangrado y nuevas lesiones sobre una piel cuya barrera protectora ya está deteriorada.
Cuando resulte necesario retirar costras para tratar la superficie situada debajo, debe hacerse cuidadosamente. En lesiones importantes es recomendable seguir las indicaciones del veterinario.
El tratamiento tópico dependerá de la causa y características de la dermatitis.
Esta es una cuestión importante: no debemos aplicar automáticamente un antifúngico pensando que estamos tratando un hongo.
Tampoco conviene utilizar indiscriminadamente antibióticos, corticoides, desinfectantes muy fuertes u otros tratamientos simplemente porque funcionaron anteriormente o en otro caballo.
La dermatitis de la cuartilla es un síndrome y el tratamiento funciona mejor cuando se identifica y aborda la causa subyacente y los factores que mantienen el problema.
¿Cuándo debemos llamar al veterinario por unos arestines?
Es recomendable consultar cuando:
- las lesiones se extienden;
- existe inflamación importante;
- aparece calor o dolor;
- hay secreción;
- el caballo presenta cojera;
- existen heridas o ulceraciones importantes;
- las lesiones reaparecen continuamente;
- no mejoran con las medidas básicas de manejo;
- aparece fiebre o alteración del estado general.
Los casos recurrentes merecen especial atención.
Si todos los otoños tratamos los mismos arestines con la misma crema, quizá estemos tratando el síntoma sin averiguar por qué vuelven a aparecer.
Prevenir los arestines
La prevención empieza fundamentalmente en el entorno.
Evitar humedad permanente
No podemos impedir que llueva, pero podemos reducir el tiempo que el caballo permanece en las zonas más embarradas.
Especialmente alrededor de:
- bebederos;
- comederos;
- puertas;
- entradas de los cercados;
- refugios;
- lugares habituales de descanso.
Mejorar el drenaje o estabilizar los puntos de tránsito intenso puede representar una diferencia enorme.
Revisar diariamente cuartillas y talones
Durante las épocas húmedas debemos acostumbrarnos a pasar la mano por la parte posterior de las extremidades.
Una pequeña rugosidad o una mínima costra pueden permitirnos actuar antes de que aparezca una dermatitis importante.
Secar después de lavar
Una regla extremadamente sencilla:
si mojamos las extremidades, debemos poder secarlas después.
Lavar diariamente unas patas embarradas y dejarlas continuamente húmedas puede resultar contraproducente.
Caballos con abundante pelo
El pelo abundante alrededor de las cuartillas puede mantener humedad y barro junto a la piel y dificultar la detección de lesiones.
Eso no significa que todos estos caballos deban ser esquilados.
Si se recorta el pelo debe hacerse cuidadosamente, evitando pequeñas abrasiones que deterioren aún más la barrera cutánea.
Extremidades blancas
Las zonas de piel no pigmentada parecen presentar una mayor predisposición a la dermatitis de la cuartilla, por lo que los caballos con extremidades blancas merecen una vigilancia particularmente cuidadosa.
¿Funcionan las cremas preventivas?
Los productos de barrera pueden resultar útiles en determinados caballos y circunstancias, pero no deberíamos pensar que existe una crema capaz de sustituir un buen manejo.
La prevención debe apoyarse fundamentalmente en:
menos humedad permanente + piel íntegra + detección precoz + buenas condiciones del terreno.
Dermatofilosis: relacionada con la humedad, pero diferente
También debemos diferenciar los arestines de la dermatofilosis, conocida como rain rot o rain scald.
Está causada por Dermatophilus congolensis, una bacteria, y la exposición prolongada a humedad favorece su desarrollo.
Puede producir zonas de pelo apelmazado, costras y lesiones en diferentes partes del cuerpo.
Aunque algunas manifestaciones pueden confundirse con otros problemas dermatológicos, no debemos meter todas las lesiones producidas durante épocas lluviosas dentro del mismo diagnóstico.
El casco: otro gran punto crítico del otoño
El casco también responde a los cambios de humedad.
Después de meses de terreno seco puede pasar repentinamente a estar sometido durante muchas horas a agua y barro y a sucesivos ciclos de humedecimiento y secado.
Entre los problemas que debemos vigilar están:
Podredumbre de ranilla
Los surcos de la ranilla pueden acumular barro, estiércol y materia orgánica.
Olor desagradable, material oscuro, pérdida de consistencia de la ranilla o sensibilidad requieren atención.
Línea blanca
Hay que observar posibles separaciones o deterioros de la unión entre pared y estructuras internas.
No toda pequeña separación significa enfermedad de la línea blanca, pero las lesiones importantes necesitan valoración profesional.
Abscesos
Las alteraciones del casco y pequeñas vías de entrada pueden favorecer la aparición de abscesos, que frecuentemente producen una cojera repentina e intensa.
Pared reblandecida y pérdida de herraduras
El barro ejerce además una considerable fuerza mecánica sobre las herraduras.
Un caballo que realiza rutas largas puede perder una precisamente en el momento y lugar más complicado para resolver el problema.
Por ello, en épocas húmedas deberíamos levantar y revisar los cuatro pies diariamente y siempre después de una salida.
¿Herrado o descalzo?
No existe una respuesta universal.
Un caballo puede funcionar perfectamente descalzo si dispone de un casco sano, correctamente recortado y adaptado al terreno y al trabajo que realiza.
Pero descalzo no significa simplemente quitar las herraduras.
Debemos valorar:
- kilómetros realizados;
- tipo de suelo;
- cantidad de piedra;
- abrasividad;
- velocidad;
- conformación;
- calidad de la pared;
- grosor y sensibilidad de la suela;
- adaptación progresiva.
Un caballo perfectamente cómodo descalzo en su entorno habitual puede necesitar protección cuando realiza ocasionalmente largas rutas sobre terrenos mucho más abrasivos.
Las botas de casco pueden proporcionar una alternativa interesante en estos casos, pero deben probarse y ajustarse previamente.
Tampoco debemos retirar automáticamente las herraduras porque llegue el otoño si el caballo continúa realizando un trabajo para el que las necesita.
Y tanto el caballo herrado como el descalzo necesitan recortes y revisiones regulares.
Más tracción no siempre significa más seguridad
Cuando aparece el barro podemos sentir la tentación de proporcionar al caballo el máximo agarre posible.
Pero debemos tener cuidado.
El casco necesita cierto movimiento natural sobre el terreno. Un sistema que impida excesivamente ese pequeño deslizamiento puede aumentar las fuerzas de torsión transmitidas hacia articulaciones y tejidos blandos.
Herraduras, botas, ramplones u otros sistemas de tracción deben decidirse considerando conjuntamente caballo, terreno, velocidad y actividad.
Alimentación: otoño no significa automáticamente más pienso
Uno de los errores habituales consiste en mantener la misma alimentación concentrada cuando el caballo reduce considerablemente su trabajo.
El error contrario es reducir demasiado la dieta precisamente cuando disminuye la calidad del pasto y aumentan las necesidades asociadas al frío.
El principio debería ser:
alimentar según condición corporal + trabajo + temperatura + disponibilidad y calidad del forraje.
El forraje debe seguir constituyendo la base de la alimentación.
Hay que controlar periódicamente la condición corporal y no confiar únicamente en la vista: el pelo de invierno puede ocultar tanto pérdida como exceso de peso.
Debemos palpar costillas, cuello, cruz, dorso y grupa.
El forraje también ayuda frente al frío
La fermentación de la fibra en el intestino grueso genera calor.
Por ello, cuando aumenta realmente la demanda energética por frío, asegurar suficiente forraje de calidad suele ser fisiológicamente más coherente que aumentar indiscriminadamente los cereales.
A medida que disminuye el pasto, puede ser necesario introducir o incrementar el heno.
Los cambios importantes deben realizarse progresivamente.
Cuidado con los pastos otoñales
Otro error es pensar que solamente la hierba de primavera puede presentar concentraciones elevadas de azúcares.
Los pastos pueden acumular carbohidratos no estructurales bajo determinadas condiciones ambientales, entre ellas algunas combinaciones otoñales de días soleados y noches frías.
Esto merece especial atención en:
- ponis;
- caballos obesos;
- animales con resistencia a la insulina;
- síndrome metabólico equino;
- antecedentes de laminitis.
En estos animales la gestión del pastoreo debe individualizarse.
Agua: cuando deja de hacer calor también debemos vigilarla
En otoño el caballo puede sudar menos y sentir menos necesidad de beber.
Pero simultáneamente puede pasar de consumir hierba con elevado contenido de agua a ingerir cantidades mayores de heno.
El resultado puede ser una disminución importante de la ingestión total de agua.
Esto merece especial vigilancia porque una hidratación insuficiente aumenta el riesgo de determinados cólicos por impactación.
El caballo debe disponer permanentemente de agua limpia y accesible.
Cuando llegan temperaturas bajas debemos comprobar también tuberías, bebederos y depósitos.
La AAEP señala además que proporcionar agua templada durante periodos fríos puede aumentar su consumo en algunos caballos.
Sal y electrolitos
El final del verano no significa necesariamente que desaparezcan las pérdidas de electrolitos.
Un caballo puede sudar considerablemente durante una ruta larga aunque la temperatura sea moderada, especialmente cuando ya ha desarrollado parte del pelo de invierno.
Hay que distinguir entre:
- acceso habitual a sal;
- equilibrio mineral de la dieta;
- pérdidas importantes asociadas al ejercicio.
Los electrolitos nunca sustituyen al agua.
Bellotas: atención en otoño
Robles, encinas y otras especies del género Quercus producen bellotas que pueden resultar atractivas para determinados caballos.
La ingestión ocasional de pequeñas cantidades no implica necesariamente una intoxicación, pero el consumo abundante puede producir problemas gastrointestinales y renales debido, entre otros componentes, a los taninos.
El riesgo puede aumentar cuando existe poca hierba disponible y las bellotas constituyen una fuente de alimento fácilmente accesible.
Conviene revisar especialmente los prados donde caen grandes cantidades.
Arces y miopatía atípica: un peligro grave
Otro riesgo otoñal mucho más serio es la miopatía atípica equina.
En Europa se relaciona especialmente con la ingestión de semillas o sámaras de Acer pseudoplatanus, que pueden contener hipoglicina A.
La sustancia interfiere con el metabolismo energético muscular y puede desencadenar una enfermedad extremadamente grave. Los casos aparecen especialmente en otoño, coincidiendo con la caída de las semillas.
Entre los signos de alarma encontramos:
- debilidad;
- rigidez;
- temblores;
- dificultades para caminar;
- sudoración;
- dificultad para mantenerse en pie;
- respiración alterada;
- orina muy oscura.
La aparición de estos síntomas constituye una urgencia veterinaria.
El Royal Veterinary College señala que la enfermedad puede ser mortal en alrededor de tres cuartas partes de los caballos afectados.
La prevención pasa por identificar los árboles de riesgo, limitar el acceso a semillas y proporcionar suficiente forraje alternativo, especialmente cuando el pasto es escaso.
Cuando escasea la hierba aparecen otros peligros
Un caballo bien alimentado puede ignorar determinadas plantas poco apetecibles durante buena parte del año.
Cuando disminuye el pasto, la situación puede cambiar.
El otoño es por ello un buen momento para recorrer nuestros cercados y revisar:
- plantas tóxicas;
- árboles;
- frutos;
- restos de poda;
- ramas caídas;
- vegetación que anteriormente permanecía inaccesible.
Nunca debemos depositar restos de poda de jardín en un cercado pensando que el caballo sabrá seleccionar lo que puede comer.
Parásitos: desparasitar no debería significar simplemente “ahora toca”
El manejo moderno de los parásitos internos se está alejando de la administración indiscriminada y frecuente del mismo programa a todos los caballos.
El control debe adaptarse al riesgo individual, explotación, resultados de análisis coprológicos y eficacia real de los antihelmínticos utilizados.
El otoño puede ser un buen momento para revisar el programa con el veterinario.
El objetivo no es administrar más antiparasitarios, sino utilizarlos correctamente y preservar su eficacia.
Menos horas de luz
Las tardes empiezan a acortarse rápidamente.
Podemos iniciar una salida con excelente visibilidad y regresar prácticamente de noche.
El caballo y el jinete que circulan por caminos o vías compartidas deberían incorporar elementos de alta visibilidad.
Según las circunstancias puede ser recomendable llevar:
- prendas reflectantes;
- elementos reflectantes para el caballo;
- iluminación;
- teléfono cargado;
- identificación;
- sistema de navegación o ruta registrada.
Planificar la hora de regreso adquiere tanta importancia como calcular los kilómetros.
Otoño y temporada de caza
En numerosas zonas rurales el otoño coincide con un aumento de la actividad cinegética.
Antes de salir debemos informarnos sobre monterías, batidas, restricciones y señalización existente.
La alta visibilidad de jinete y caballo adquiere aquí todavía mayor importancia.
Ante una batida señalizada o una situación dudosa, la opción prudente es modificar la ruta.
¿Debe descansar el caballo en otoño?
Puede hacerlo, pero debemos distinguir entre descanso y sedentarismo.
Después de una temporada intensa, reducir temporalmente el trabajo puede resultar beneficioso física y mentalmente.
Sin embargo, en un caballo sano no existe normalmente ninguna necesidad de convertir ese descanso en semanas de inmovilidad dentro de un box.
Siempre que no exista contraindicación veterinaria, el movimiento libre ayuda a mantener:
- movilidad articular;
- musculatura;
- circulación;
- coordinación;
- bienestar mental.
Podemos hablar de descanso activo.
Prado, paseos, trabajo suave, mucho paso y algunas sesiones ligeras permiten reducir la carga sin eliminar completamente el ejercicio.
Caballo con actividad moderada
Si durante el otoño queremos simplemente mantener una condición física razonable, podemos combinar durante la semana:
- movimiento libre diario;
- paseos al paso;
- algo de trote;
- terreno variado;
- pendientes moderadas;
- ejercicios de movilidad y equilibrio.
La regularidad es mucho más importante que realizar una salida muy intensa después de varios días o semanas sin actividad.
Caballo que mantiene mucha actividad
En las zonas donde el otoño es la gran temporada de rutas, el manejo debe ser diferente.
El caballo puede necesitar mantener o incluso incrementar su condición física.
Debemos prestar especial atención a:
- aporte energético adecuado;
- hidratación;
- electrolitos cuando proceda;
- estado del casco;
- recuperación;
- adaptación progresiva a las distancias;
- ajuste de la montura;
- estado del dorso;
- tendones y articulaciones.
Y debemos recordar que un caballo con mucha energía no es necesariamente un caballo preparado físicamente para un esfuerzo largo.
La adaptación cardiovascular puede avanzar más deprisa que la de determinadas estructuras musculoesqueléticas.
Volver al trabajo después del descanso
Después de varias semanas con poco ejercicio no debemos recuperar de golpe el nivel anterior.
La vuelta debe ser progresiva.
Primero aumentamos tiempo al paso.
Después incorporamos trote.
Posteriormente podemos incrementar desnivel, duración e intensidad.
Una regla especialmente útil consiste en no aumentar varias variables simultáneamente.
Si incrementamos mucho la distancia, no aumentamos a la vez velocidad y desnivel.
Calentar cuando hace frío
Con temperaturas más bajas debemos conceder al caballo suficiente tiempo para comenzar a trabajar.
Un periodo inicial de paso activo y progresivo permite que músculos y articulaciones entren gradualmente en funcionamiento.
Después podemos introducir trote y esfuerzos superiores.
Al terminar hacemos exactamente lo contrario: disminuimos progresivamente la intensidad.
El objetivo es regresar con un caballo cuya respiración y temperatura estén normalizándose y evitar dejarlo inmóvil y empapado de sudor.
Una revisión de cinco minutos después de montar
El otoño es una excelente época para adquirir una rutina que debería acompañarnos durante todo el año.
Después de cada salida:
1. Levantar los cuatro cascos.
Retirar piedras y barro y comprobar suela, ranilla, línea blanca y herraduras o botas.
2. Revisar talones y cuartillas.
Buscar pequeñas costras, pérdida de pelo, heridas o primeros signos de arestines.
3. Pasar las manos por las cuatro extremidades.
Comparar temperatura, inflamación y sensibilidad.
4. Revisar el dorso.
Buscar sensibilidad o rozaduras relacionadas con montura o sudadero.
5. Observar al caballo.
Respiración, recuperación, hidratación, actitud y apetito.
Esta rutina tiene una enorme ventaja: aprendemos cómo es nuestro caballo cuando todo está bien.
Así resulta mucho más fácil detectar cuándo algo empieza a cambiar.
El caballo senior en otoño
Los caballos mayores requieren una atención especial.
Pueden tener más dificultades para mantener peso, menor eficiencia digestiva, problemas dentales o mayor rigidez cuando disminuye la temperatura.
Antes del invierno conviene revisar especialmente:
- condición corporal;
- dentición;
- calidad del forraje;
- musculatura;
- movilidad;
- casco;
- acceso al agua;
- posibilidad de refugiarse;
- competencia con otros caballos por comida y refugio.
En grupos, debemos asegurarnos de que el caballo mayor realmente tiene acceso a los recursos y no simplemente que estos existen.
No hay un único otoño en España
Las recomendaciones deben adaptarse al territorio.
Cornisa cantábrica y zonas atlánticas
La humedad persistente, barro, arestines y problemas del casco adquieren especial importancia.
Centro y meseta
Grandes oscilaciones térmicas, primeras heladas y combinaciones de días soleados y noches frías. Hay que vigilar también los cambios en los pastos.
Mediterráneo y sur
El descenso de las temperaturas puede convertir el otoño en una de las mejores épocas para aumentar la actividad y realizar rutas largas.
Las lluvias intensas pueden, sin embargo, transformar rápidamente ramblas, vados y caminos normalmente secos.
Montaña
Las condiciones pueden cambiar con enorme rapidez.
Primeras nevadas, hielo, fuertes descensos nocturnos de temperatura y menor radiación solar obligan a planificar cuidadosamente las salidas.
Las reglas del otoño
Podemos resumir todo el manejo de esta estación en unos principios sencillos:
- Adaptar el manejo al clima real, no al calendario.
- Vigilar especialmente la combinación de humedad, frío y viento.
- Evitar que las extremidades permanezcan continuamente mojadas.
- Revisar diariamente casco, talones y cuartillas.
- Prevenir los arestines actuando sobre humedad, barro y salud de la piel antes de recurrir sistemáticamente a productos.
- No decidir entre herrado y descalzo por moda o estación: deben decidir el caballo, el casco, el terreno y el trabajo.
- Mantener el forraje como fundamento de la alimentación y adaptar las calorías a la actividad real.
- Vigilar la ingestión de agua incluso cuando desaparece el calor.
- Revisar los pastos: azúcares, bellotas, plantas tóxicas y especialmente presencia de arces de riesgo.
- Mantener movimiento durante los periodos de descanso, salvo contraindicación veterinaria.
- Volver progresivamente al ejercicio después de una parada.
- Observar al caballo antes, durante y después de trabajar.
La mejor herramienta: observar al caballo
Probablemente el mejor programa de cuidados de otoño no consista en hacer muchas más cosas, sino en observar mucho mejor.
Observar cómo cambia su peso.
Cómo crece el pelo.
Cuánto bebe.
Cómo responde al frío.
Cómo están sus pies después de varios días de lluvia.
Si aparecen las primeras pequeñas costras en las cuartillas.
Cómo se recupera después de una salida.
Si necesita realmente la misma alimentación cuando disminuye el trabajo.
Y cómo cambia el terreno sobre el que estamos acostumbrados a montar.
El otoño puede ser una magnífica temporada para la equitación de ocio. En buena parte de España desaparece el calor extremo y comienzan algunos de los mejores meses para disfrutar del campo. En otras zonas llegará el momento de reducir el trabajo y permitir al caballo recuperarse.
Ambas opciones son perfectamente compatibles con su bienestar.
La clave está en adaptar actividad, alimentación, casco, protección y cuidados a cada caballo y a cada territorio.
Porque no existe un caballo “de otoño” estándar, de la misma manera que tampoco existe un único otoño.
Existe nuestro caballo, su edad, su estado físico, sus pies, el lugar donde vive y el trabajo que le pedimos.
Y sobre esas cinco variables debería construirse todo el programa de cuidados.